No, de repente ya no

No, de repente ya no. Con mayúsculas, en negrita, cursiva y subrayado (si pudiera), con un grito que desgarre mi garganta. No. Has pasado de la una distancia cercana, a una lejanía insalvable. Me gustaría enfadarme, decir que te has portado mal, que las cosas no se hacen así, pero no puedo hacer el mínimo reproche, no puedo echarte nada en cara, porque nunca hubo más promesas que las que yo quise creerme. Aún así siento que NO.

Intuyo mi cara de tonto, los ojos rebotando en el asombro. Constructos que mi mala cabeza se había hecho; pajas mentales. He estado pendiente del móvil demasiado tiempo, sin poder reprocharte el que no llamaras, porque nunca quedaste en hacerlo, y sin embargo, me hacía tanta, tanta ilusión recibir mensajes… Pero ya sé que no. Me corté el pelo, miré horarios, recopilé mis canciones en un disco, incluso inicié un poema, sobre una especie de amistad extraña que se aventuraba real, superando su virtualidad; pero todo se queda en un deseo muerto a medio camino, en unas ganas desganadas, en un momento de debilidad.

No quiero tridimensionarte, y si parezco estúpido e infantil me da igual, porque reclamo mi derecho a enfadarme sin tener, a tú modo de ver, un motivo para hacerlo. Sé que el corazón vuela allí donde se atisba una caricia, pues corre, no vaya a ser que te quedes sin ella, pero yo ya no, no quiero saber más de las fotos y de la voz que durante mucho tiempo le ha dado sentido a cada cosa que escribía en este pequeño rincón. Te fuiste diluyendo poco a poco, pero el portazo ha sido sonoro, suena a NO.

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Málaga

Tu ciudad es anegada por el agua; mi estómago es devorado por los nervios. Tu ciudad se niega a regalarme el sol, y mis ojos ya se han acostumbrado a estas cuatro paredes. Tu ciudad presume de mar, y por mi cuerpo baja el sudor, y lo que de él sobra. Tu ciudad es un espejismo, pero tú ya no eres una ilusión.

La lluvia me resta la oportunidad de pasearla, y a cambio me ofrece tu espalda para recorrerla con mi lengua. Tu ciudad es una imagen acuosa, desde el frío de tus dos ruedas, prolongación inexacta de ti mismo. Tu ciudad será siempre una noche de caricias y de búsquedas, con un fondo musical de orquesta minimalista (Conciertos de Radio 3) y un caer agua a jarrazos desde las canales de los tejados.

Tu ciudad queda circuscrita a las cuatro esquinitas que tiene esta cama, que se han convertido en mi nave nodriza. Tu ciudad me suena a risotada y a recuerdos de la infancia, a gemido lujurioso, y a súplica de tus manos para que amasen y perforen mi cuerpo. Tu ciudad me suena a música, ecléctica, rumbera y clásica, al Adagio de Albinoni, a equivocar las melodías. Tú ciudad asciende por mi pierna como las hormigas, haciendo cosquillas, impidiendo respirar. Tú ciudad eres tú, de quien conservo algunas fotos. Málaga nunca me sonará igual…, quedando tanto por escuchar…