Tu ciudad es anegada por el agua; mi estómago es devorado por los nervios. Tu ciudad se niega a regalarme el sol, y mis ojos ya se han acostumbrado a estas cuatro paredes. Tu ciudad presume de mar, y por mi cuerpo baja el sudor, y lo que de él sobra. Tu ciudad es un espejismo, pero tú ya no eres una ilusión.

La lluvia me resta la oportunidad de pasearla, y a cambio me ofrece tu espalda para recorrerla con mi lengua. Tu ciudad es una imagen acuosa, desde el frío de tus dos ruedas, prolongación inexacta de ti mismo. Tu ciudad será siempre una noche de caricias y de búsquedas, con un fondo musical de orquesta minimalista (Conciertos de Radio 3) y un caer agua a jarrazos desde las canales de los tejados.

Tu ciudad queda circuscrita a las cuatro esquinitas que tiene esta cama, que se han convertido en mi nave nodriza. Tu ciudad me suena a risotada y a recuerdos de la infancia, a gemido lujurioso, y a súplica de tus manos para que amasen y perforen mi cuerpo. Tu ciudad me suena a música, ecléctica, rumbera y clásica, al Adagio de Albinoni, a equivocar las melodías. Tú ciudad asciende por mi pierna como las hormigas, haciendo cosquillas, impidiendo respirar. Tú ciudad eres tú, de quien conservo algunas fotos. Málaga nunca me sonará igual…, quedando tanto por escuchar…

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